Llueve y pienso. Pienso y llueve. Cuándo nos volvimos tan malos? Dónde se encuentra el quiebre, la ruptura de nuestros pensamientos. Por qué nos dimos cuenta de que engañando, mintiendo, traicionando se consiguen más cosas en este mundo donde nada es lo que parece y todo se esconde bajo un complicado entramado detrás de un pintoresco paisaje o palabras rebuscadas. Cuándo comenzaron a enseñarnos eso, cuándo aprendimos todo esto?
No entiendo por qué se volvió tan oscuro si es más fácil que sea transparente, si es más fácil ir con la verdad, por qué destruyen todo? Ya sé, el punto de partida es la maldad. Se necesita ocultar y mentir cuando no podemos mostrar nuestros hechos o pensamientos porque no serian aceptados, porque están mal, como todo lo que nos rodea.
Lo prohibido es tentador, verdaderamente lo es. Pero ¿pasarían cosas malas si nada estuviera prohibido? Podríamos decir que estamos equivocados si nadie nos dice lo que está bien? Se convierte en un círculo vicioso de ideas impuestas en nuestras mentes. Qué pensaríamos si a nuestro alrededor no hubiese absolutamente NADA? Imposible no pensar, ya estaríamos teniendo una idea, de nada, pero idea al fin.
Bien y mal. Dos cosas tan ambiguas, condicionadas y absolutamente contrapuestas. Nadie puede definirlas y, sin embargo, no existe nadie que no las conozca. Todo depende de todo, aunque jamás en nuestras vidas podamos llegar a saber lo que esa palabra significa, digo todo y pienso, todo?
Así es como conocemos el bien y el mal de acuerdo a lo que vivimos, lo que sentimos, lo que pensamos. Que no es más de lo que millones de personas viven, piensan, sienten. No somos únicos, somos robotitos creados por el mundo, un poco diferentes, un poco iguales, pero todos resultado del mismo molde. Y como tales vamos a seguir mintiendo, engañando, traicionando hasta que el molde diga basta y algún afortunado se convierta en modelo de los próximos.
(31 de agosto del 2010)

No hay comentarios:
Publicar un comentario