17 de julio del 2010
El aroma del té con limón me hizo acordar su sabor, el que hacía tiempo no probaba. Pero no era el mismo que estaba guardado en mi memoria. No tenía el mismo gusto que cuando ella lo preparaba y yo misma, ansiosa por probarlo, quitaba las semillas que nadaban como peces en el agua marrón de un río.
Increíble como algo tan simple es capaz de hacernos viajar por nuestra mente, por nuestros recuerdos, con destino al momento en que por primera vez sentimos ese olor. Lo veo tan claro como si fuera hoy y sin embargo es demasiado lejano como para poder recordar exactamente el día o el lugar.
Estas cosas me hacen sonreír. Siempre es grato recordar los lindos momentos del pasado, cuando todavía tenía esa inocencia en la voz y ese brillo en los ojos causado por el placer de descubrir nuevas sensaciones.
Y así es como me siento ahora, como una niña pequeña que acaba de conocer por primera vez el olor del té con limón. Encantada por eso, con fanas de seguir probando más y más, y con la seguridad de que todo lo que ella me enseñe va a ser magnifico, sólo por el hecho de que ahora se ha convertido en un ángel. MI ángel.